De ermitas y tejedores

Por Miguel Álvarez Garós

Al examinar un libro de la historia de los hechos recientes y que hemos podido vivir de una forma directa, nos sorprendemos cuando vemos y notamos, que los sentimientos que nos despierta su lectura no son coincidentes, y en algunos casos ni parecidos, con lo que la memoria propia recuerda de lo que sucedió.

Si ante lo que nos ha tocado vivir, notamos que no nos sentimos retratados en un libro, ¿cuanto mayor será la dificultad de entender los sucesos de nuestro pueblo, de nuestra tierra, de nuestro mundo que por tener una antigüedad considerable sólo nos es permitido aproximarnos a ellos a través de los libros de historia?

Por si no fuera poco, si hojeamos libros de diversos autores que relatan un mismo hecho, vemos como en muchos de los casos no se parece la “película” que relatan unos y otros, aunque todos ellos hallan bebido de las mismas fuentes documentales.

Por ello, no está demás que complementemos lo que la historia nos dice, con otros puntos de vista que nos pueda aportar la Antropología, la Tradición, la veneración de determinados santos, el dance e incluso la Astronomía, pues no hay que olvidar que el sustento de las generaciones pasadas se basaba en un buen conocimiento del cielo para desarrollar una floreciente agricultura y ganadería.

Es por todo ello, que en esta sección, lo que queremos aportar, es otro punto de vista, otro enfoque que nos ayude a situarnos en el tiempo pasado para una mayor comprensión y a su vez, buscar una ayuda que nos permita descubrir nuestras auténticas raíces, es decir, lo que realmente hicieron y pensaron nuestros bisabuelos y generaciones anteriores. Y quizá, saber ver e interpretar lo que querían transmitirnos y que a lo mejor ha quedado en el olvido.

Este ejercicio, que muchas veces sólo nos planteará interrogantes sin respuesta, lo consideramos necesario para tener un acercamiento lo más acertado posible de lo que sucedió en otro tiempo.
Podemos pensar en las razones de que por qué determinados santos, como San Calixto en Leciñena, son venerados por el pueblo.

¿Por qué se construyeron las ermitas de nuestros pueblos? ¿Se situaron al azar o en lugares determinados?

Si nos acercamos a la vida de Leciñena , aproximadamente hace 150 años, el municipio contaba con 6 ermitas.

Según hemos podido averiguar en nuestros trabajos, las advocaciones de estas ermitas eran: San Onofre, San José, San Juan Evangelista, San Juan Bautista y San Jerónimo y La Virgen de Nuestra Señora de Magallón, de las cuales actualmente sólo se conserva la ermita de Nuestra Señora de Magallón.

La tradición sumamente curiosa de esta Virgen viajera que recorrió santuarios tan importantes como el de Nuestra Señora de la Sagrada de Monzalbarba, Nuestra Señora del Portillo y Nuestra Señora del Pilar en Zaragoza, requiere un tratamiento especial.

En nuestro territorio aragonés, las tradiciones de vírgenes que no están a gusto en un lugar y van a otro son muy comunes. Pensemos en la Virgen de Sancho Abarca que salta de Francia a Tauste y tantos litigios origina con nuestro vecino pueblo navarro. Nuestra Señora de Bonastre en Pina y un largo etcétera que nos plantea sugestivos interrogantes del significado de esos saltos en ciertos “sitios”.

No olvidemos que en un congreso celebrado recientemente en Jaca sobre Astrología, fue presentada una ponencia sobre un documento del siglo XVII en donde se celebraron desconocidos ritos en los santuarios por donde había pasado precisamente la Virgen de Magallón y que en artículos sucesivos trataremos. Pero anticipamos la relación tan estrecha entre estos acontecimientos, los ríos y el agua que hace que todavía se mantenga una romería de la localidad de la Muela que todos los años va andando a Nuestra Señora de la Sagrada en Monzalbarba para pedir el agua para el secano, lo que empalma directamente con la red de neveras en nuestro amplio territorio de origen romano.

Sabemos que antiguamente había instalados tejedores de lienzos y paños en Leciñena.

El oficio de tejedor, de tanta importancia histórica en la Corona de Aragón, es un oficio proscrito dentro de la Edad Media y épocas anteriores .

Parece ser que sólo podían ser tejedores los judíos, los leprosos y todos aquellos que tenían alguna relación con el mundo de la Brujería. En definitiva “heterodoxos”.

La irrupción de tejedores, además, en la Corona de Aragón, según mis propias investigaciones, se produce a partir del siglo XII y XIII, donde multitud de cátaros, para escapar de la hoguera pasan de nuestro vecino país, Francia, para gozar de la protección de la Corona de Aragón. Muchos de ellos, sabemos que eran tejedores además de herejes (otra vez los “heterodoxos”).

Es así como surge la incipiente industria textil en Manresa, que tanta gloria depararía a la vecina Cataluña, al nacimiento de la burguesía catalana … y al enriquecimiento del Rey de Aragón.

Es conocida por todos la anécdota que relata Braulio Foz al conmutar la pena de muerte del herrero (Pedro Saputo) por uno de los múltiples tejedores de Almudévar.
Algo debía tener el tejedor, cuando aunque sea en forma de cuento, para nuestros antepasados, pueda recaer la pena de muerte sobre un inocente y asumirlo todo el pueblo, porque el inocente es un tejedor.
Sirva ello como anticipo de los temas que iremos relatando en esta sección.

¿Y San Calixto?

Si consultamos la vida de este , sabemos que murió en el año 222 y que durante su vida ocurrieron hechos extraordinarios en Roma relacionados fundamentalmente con el fuego, el rayo y los dioses Júpiter y Mercurio, culpando a Calixto de todas las desgracias que caían sobre la ciudad. Su muerte, según los modernos textos religiosos, se considera desconocida; sin embargo, en los siglos anteriores se pensaba, que siguiendo las órdenes de Alejandro, Emperador de Roma, los verdugos lanzaron a Calixto por una ventana y luego le ataron una piedra al cuello y lo arrojaron a un pozo. Todos los que habían intentado martirizar a Calixto antes se habían convertido al cristianismo.

Independientemente de la leyenda, sabemos que el origen de Leciñena es cuando menos, romano , razón por lo que fácilmente pudiera ir a parar la leyenda romana.

Pero no olvidemos que detrás de la vida de cada Santo y a través del sincretismo del Imperio Romano y posteriormente del Cristianismo, los hechos y leyendas de cada pueblo eran transformados, adornados y traducidos a la nueva fe. Por ello, es a través de la veneración de cada pueblo a los santos, como podemos ir descubriendo hechos y creencias muy antiguas, que nos van dando idea de lo que pudo ser nuestra Otra Historia.

Hablaremos de la veneración de Monegrillo a Santa Ana y las implicaciones antropológicas que de ello se desprende y que en otros artículos desarrollaremos.

¿Y la función de los carboneros? Estamos en una tierra históricamente de encinas de donde se obtenía un buen carbón vegetal. Pero la encina tiene unas connotaciones mitológicas importantísimas que nos entroncan directamente con las antiguas mitologías europeas.

De ahí que no sea extraño el culto al árbol centroeuropeo que en Leciñena se manifestó como culto al árbol en el que había aparecido la Virgen de Magallón.
El conocimiento del carbonero, se ha considerado, un conocimiento oculto, misterioso. Vagaba por los montes, donde preparaba sus hornos. Era un ser que conocía y dominaba el fuego.
Este esbozo sugestivo es el que nos proponemos desarrollar a la luz de las investigaciones que estamos realizando en la sección “La Otra Historia” que por hoy finalizamos.

Zaragoza, septiembre de 1995

Miguel Álvarez Garós

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